Archivos Mensuales: noviembre 2011

Luis Álvaro, el invitado que vino de empalmada.

En nuestro primer programa de Viva la Gente tuvimos a uno de los mejores cómicos de nuestro país. Así como suena, sí. A lo loco.

Que viniera sin haber pegado ojo no quita que Luis Álvaro sea, además de un tipo bien plantado, un maestro de la línea rara y un señor que consigue llenar cualquier escenario haciéndose más pequeñito de lo que realmente es: Cierra los ojos, agarra el micro como si estuviera convencido de que en algún momento tendrá que usarlo como arma contra el público que ha ido a verle actuar y despliega un inagotable catálogo de chistes cortos pero tan contundentes como golpe mal dado en el codo. En la parte que duele del codo.

Son sólo cuarenta y pico minutos porque tardamos toda una vida en aclararnos con el puñetero equipo técnico de la emisora, pero qué cuarenta minutos. Qué cuarenta minutos, en serio. Échenle un vistazo, que no les cuesta nada, sólo pinchar en el reproductor que debería salir ahí abajo.

http://www.ivoox.com/viva-gente-1_md_915052_1.mp3″ Ir a descargar

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Viva la gente, cojones.

Creo que he perdido la cuenta de los blogs que he abierto a lo largo de mi vida. Y el que dice la cuenta dice los nombres, las direcciones y por supuesto las contraseñas para acceder a ellos, así que se podría decir que he ido salpicando la red con pequeñas gotas de genialidad que algún día encontrarán los arqueólogos del futuro. Sobre todo los que pasen mucho tiempo en internet.

Esta vez, no obstante, creo que voy a conseguir que la cosa funcione. Verán, Viva la Gente es un blog en el que pretendo alojar los podcasts del programa de entrevistas que hago semanalmente en la ínclita Radio Vallekas. Se trata de un programa de entrevistas diferente básicamente porque su presentador no sabe hacer entrevistas. La idea es aprender a encararme con el invitado semanal, llevarlo por donde yo quiera y sacarle las mejores anécdotas, las opiniones más controvertidas y las meteduras de pata más sonadas, de esas que luego salen en otros medios y se convierten en publicidad gratuita.

Por supuesto también pretendo que esta pequeña iniciativa acabe llevándome muy lejos en mi carrera y me permita algún día dejar de ser pobre e ignorado por el resto del mundo, pero por el momento creo que será mejor no hacer públicas esas intenciones, no sea que empiece a darles pena de repente. O risa, vete tú a saber.

Y nada, que empezamos ya.